El número 666 (que corresponde a la bestia), siempre se ha asociado a Satán, al diablo etc. Cuando se suman los números de la ruleta (del 1 al 36) da esté número diabólico 666. Esta coincidencia siempre le ha otorgado a la ruleta cierto misterio y vinculación con lo místico.
Desde épocas antiguas, se practicaban distintas modalidades de juegos que contaban con ciertas similitudes a la ruleta. Los griegos hacían girar un escudo sobre la punta de una espada, los romanos ya en la época del emperador Augusto, hacían girar una rueda de carro sostenida por un eje que estaba perpendicular al piso.
En esas épocas no existían asociaciones numéricas como las que antes mencionamos. Vincular el número 666 al diablo o asociaciones similares es un hecho producto de la modernidad. Éstas divagaciones no se vinculan con las creencias religiosas más allá que la Iglesia condenaba la práctica de los juegos de azar.
En todas las épocas históricas las sociedades tuvieron sensaciones adversas y rechazo por distintos hechos o elementos como los gatos negros, el número 17 de la desgracia, el pasar por debajo de las escaleras etc, los martes 13 etc.
Las cábalas, talismanes, creencias ocultas, tabúes siempre existieron y aún hoy existen. Éstas creencias, prácticas o ideas van más allá del grado de civilización de la sociedad y de cultura de la persona.
Si preguntamos a los jugadores de juegos de azar, podremos comprobar que ellos mismos utilizan ciertas cábalas o amuletos para llamar a la suerte. Por ejemplo, hay quienes utilizan el mismo calzado o vestimenta que usaron cuando ganaron un premio importante, el utilizar un mismo anillo, llavero, pendiente, el no jugar los martes 13 etc, etc.
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